La poesía de Parra comenzó inspirada en Lorca y la generación española del 27

Santiago de Chile, 1 dic (EFE).- El poeta chileno Nicanor Parra, galardonado hoy con el Premio Cervantes, comenzó inspirado en la generación española de 1927 y, particularmente, en Federico García Lorca, hasta que años después dio “una gran voltereta” y creó la “antipoesía”.

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La poesía de Parra comenzó inspirada en Lorca y la generación española del 27

Así lo dijo hoy a Efe el crítico, ensayista y también poeta Jaime Quezada, especialista en el autor de “Poemas y Antipoemas”, sobre el que ha escrito dos libros analíticos y de quien es además amigo personal.

“El primer libro de Parra (“Cancionero sin nombre”, 1937) es ciertamente un libro lorquiano”, asegura Quezada que define al también autor de “Hojas de Parra” como “un huaso (campesino chileno) de Chillán educado en Oxford”.

“Déjeme pasar señora,/que voy a comerme un ángel,/con una rama de bronce/yo lo mataré en la calle./ No se asuste usted, señora,/ que yo no he matado a nadie./ En sus colchones de lienzo/dormirán los sacristanes,/las puertas de las iglesias/estarán todas con llave”.

La impronta lorquiana se filtra en cada verso de “El Matador”, uno de los poemas de “Cancionero sin nombre”, señala Quezada, que visita a menudo a Parra en el balneario de Las Cruces, donde el autor estuvo hasta este miércoles, mientras este jueves su paradero ha sido un verdadero misterio.

Sus hijos Colombina y Juan de Dios y su nieto Cristóbal daban datos contradictorios acerca del lugar en que está el poeta, “abrumado”, según la hija, por el acoso de la prensa, aunque también indicó que en algún momento “algo” manifestará sobre el premio.

“Para su edad, él está bien de salud, se cuida mucho, pero se mantiene abierto al mundo, claro que con cierta prudencia”, señala Quezada, para quien el Cervantes no sólo es un reconocimiento a la obra de Parra, “sino a toda la literatura chilena”.

El hermano mayor de Violeta Parra “ha renovado en su poesía la lengua española, como él mismo ha dicho, la sacó del olimpo y convirtió al hombre de la calle, al hombre común, en el hablante de sus poemas”, se entusiasma Quezada.

Eso también viene de España. En una entrevista con Efe hace algunos años, Parra declaró su admiración por Gonzalo de Berceo, el primero que quiso escribir “en román paladino, como suele el pueblo hablar a su vecino”.

Berceo también fue pionero en escribir en octosílabo, que según Parra, ha sido el del lenguaje popular, opuesto al verso alejandrino, utilizado por los autores que escribían para la clase culta, como Dante, por ejemplo.

Nicanor Parra introdujo en la poesía “el lenguaje de la tribu, el habla común del chileno, llevó la oralidad a la escritura, cumplió el viejo sueño de todo literato”, subraya Quezada.

“Podría decirse que (en materia de lenguaje) le torció el cuello al cisne, buscó (y halló) el otro lado de las palabras y desmistificó el idioma”, concluye el especialista.

Lo anterior desborda la obra del tercer chileno que ha obtenido el Cervantes -antes fueron Jorge Edwards (1999) y Gonzalo Rojas (2003)- desde 1954, cuando aterriza de su voltereta y publica “Poemas y Antipoemas”.

“Durante medio siglo/la poesía fue/el paraíso del tonto solemne./Hasta que vine yo/Y me instalé con mi montaña rusa./ Suban, si les parece./ Claro que yo no respondo si bajan/Echando sangre por boca y narices”, proclama (“Versos de Salón” (1962).

Una revolución del lenguaje poético, “que no deja de ser poesía”, según ha señalado el propio Parra.

Durante una conferencia que ofreció en noviembre de 1982, el poeta explicó que la antipoesía tiene sus raíces en la dialéctica hegeliana y marxista, que él reforzó con principios del taoísmo.

“No es otra cosa que el Ying y el Yang, el principio masculino y femenino, la luz y la sombra, el frío y el calor”, dijo.

“Tiene que ver también con los sofistas griegos”, añadió y citó a Protágoras (Antilogeae): “Nunca se da un solo Logos, de inmediato surge otro logos que se presenta frente a él”.

En cualquier caso, dijo que los orígenes de la antipoesía “son más bien nebulosos”, por lo cual decidió manejarse “sobre la base del ingenio de huaso chillanejo”.

Pero, además, admitió no ser tan ingenuo como para pensar que por las ideas expuestas, “que son las ideas matrices de la antipoesía, se pueda explicar efectivamente la antipoesía”.

“La antipoesía es simplemente un misterio, un misterio como cualquier otro. Y lo único que podemos hacer es decir: ‘Bueno, aquí parece que ocurre algo'”. Y citó a Lao-Tsé: “la inteligencia resbala sobre las cosas, no puede llegar a la médula de las cosas”.

“Si el monje taoísta quiere disparar una flecha y hacer fama, lo que hace es cerrar los ojos y disparar. La inteligencia, en vez de aclarar los problemas, no diré que los oscurece, pero nos da soluciones insatisfactorias”, remachó.

Para muchos analistas, la mejor explicación de la antipoesía está en los antipoemas:

“Quédate con tu Borges/ Él te ofrece el recuerdo de una rosa amarilla/ Vista al anochecer/ Años antes que tú nacieras/ ¡Interesante, puchas qué interesante!/ En cambio yo no te prometo nada/ Ni dinero, ni sexo, ni poesía/ Un yogur es lo + que podría ofrecerte”, es considerado una joya al respecto.

Nelson Sandoval Díaz

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