Kate y Guillermo hacen historia con boda real

El príncipe Guillermo y su esposa Kate, duquesa de Cambridge, se besan en el balcón del Palacio Buckingham luego de su boda, el viernes 29 de abril del 2011.  Foto: Matt Dunham / APEl príncipe Guillermo y su esposa Kate, duquesa de Cambridge, se besan en el balcón del Palacio Buckingham luego de su boda, el viernes 29 de abril del 2011.
GREGORY KATZ y JORGE SAINZ
Con una sonrisa que iluminó las pantallas de los televisores alrededor del mundo, Kate Middleton contrajo matrimonio con el príncipe Guillermo, en una unión que promete revitalizar la monarquía británica.Aunque sabían que su boda no era como cualquier otra y que miles de millones de personas observaban cada uno de sus movimientos, la pareja pareció lograr, por momentos, estar en su propio mundo privado, tanto en la Abadía de Westminster como en el balcón del Palacio de Buckingham.Guillermo le habló en susurros a Kate, quien irradiaba alegría, cuando se comprometieron a una vida en común, luego de un sencillo, pero sentido “sí quiero”.Guillermo se sonrojó un poco en la antesala al esperado momento, pero tanto el príncipe como Kate recitaron sus votos sin titubear ante el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, primado de la Iglesia de Inglaterra.Tras un paseo ceremonial por Londres, se dieron no sólo uno sino dos besos, dulces y un tanto tímidos, cuando aparecieron en el balcón del palacio. Poco después, una fila de aviones antiguos y modernos de la Fuerza Aérea británica sobrevoló la multitud.

“Ha sido un evento impresionante, impactante, muy emotivo. Una ceremonia bien planeada y ejecutada a la perfección. El Reino Unido tuvo su cuento de hadas hecho realidad”, dijo a The Associated Press Mauricio Rodríguez, embajador de Colombia en el Reino Unido, uno de los 1.900 privilegiados que asistieron al evento en Westminster.

“La boda ha sido una combinación muy buena entre las tradiciones del pasado y el homenaje a la historia y un toque de modernidad de dos jóvenes (Guillermo y Kate), universitarios y sencillos”, añadió.

Para gran parte del mundo, la boda fue una espectacular introducción al carisma cautivador de Middleton. A pesar de la presión, la chica de 29 años se desenvolvió con una sonrisa relajada y un sentido de decoro apropiado para la ocasión.

Luego de la ceremonia, le hizo reverencia con soltura a su nueva abuela, la reina Isabel II, compartiendo con naturalidad el escenario con una mujer que ha reinado desde 1952. Aclamada por la multitud, recorrió junto a su esposo el centro de Londres en el impresionante carruaje de 1902 construido para la coronación del rey Eduardo VII.

Para muchos británicos, fue la primera vez que presenciaron a una novia tan serena y hermosa desde la juventud de la reina.

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El vestido de Middleton, el secreto mejor guardado de la boda, despertó exclamaciones de admiración cuando salió del Rolls-Royce en el que llegó con su padre a la abadía. En contra de los pronósticos, el sol iluminó el día a través de las nubes grises, justo en ese momento.

El vestido de novia color marfil con encajes fue diseñado por Sarah Burton de la casa Alexander McQueen, y Kate llevaba el pelo parcialmente recogido con una tiara creada por la prestigiosa firma Cartier en 1936, y cedida por la reina Isabel II para la ocasión.

Lucía, asimismo, unos impactantes zarcillos de diamantes que fueron un regalo de sus padres. Guillermo vestía el uniforme escarlata de la Guardia Irlandesa, una señal de apoyo a las fuerzas armadas y un refuerzo para su imagen de militar de carrera.

El primer regalo de la realeza provino de la reina: los títulos de duque y duquesa de Cambridge.

La policía metropolitana calcula que un millón de entusiastas se congregó en las calles para saludar a los novios, con cerca de medio millón reunido cerca de las calles centrales de Londres intentando ver el primer beso de casados de Guillermo y Kate.

“Hemos visto a millones celebrar sin distingo de edades, todos conmemorando esta enlace”, explicó Rodríguez. “Ha sido un homenaje a esta gran nación, a la historia, a las tradiciones del Reino Unido y al mismo tiempo un excelente mensaje de unión en torno a la monarquía”.https://i0.wp.com/farm6.static.flickr.com/5145/5668863081_af3c487b30_o.jpg

La madrina Pippa Middleton llevaba un vestido y peinado sencillos, en tanto el padrino, el príncipe Enrique, vestía uniforme militar de parada. Las niñas del cortejo estaban ataviadas con vestidos color crema y flores en el cabello.

La abadía fue decorada con árboles de arce y carpes en el camino hacia el altar, mientras la luz se filtraba por los ventanales arqueados del icónico recinto.

“Ha sido una boda muy sobria y muy bien organizada, pero quizá un poco fría”, señaló el español Ricardo Mateos, experto en la realeza europea. “Desde luego, el perfil de la boda ha sido bajo, ajustado al lugar que Guillermo ocupa en la sucesión al trono, que es el segundo, por detrás de su padre el príncipe Carlos”.

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“Me ha sorprendido la cantidad de personas congregadas en las calles y la decoración con los árboles en Westminster, en la que estoy seguro que Carlos, gran amante de la naturaleza, ha tenido mucho que ver”, agregó.

El palacio planeó dos fiestas, una ofrecida por la reina para 650 invitados y otra con música bailable, para unas 300 personas cercanas a la pareja. La familia real hizo público el menú del primer almuerzo, compuesto de unas 20 diferentes variedades de canapés, entre ellos salmón escocés ahumado en blinis de remolacha, espárragos escalfados con salsa holandesa y huevos de codorniz con sal de apio.

Tampoco faltaron los dulces y la tarta nupcial. Poco trascendió del segundo de los festejos, al que tenían previsto asistir un menor número invitados.

Fiestas fue precisamente lo que no faltó en las calles del Reino Unido. Mientras los británicos celebraban la monarquía, los turistas extranjeros no dudaban en deleitarse con sus tradiciones.

Las festividades reflejaron el apego que los británicos aún tienen por la realeza, que sigue siendo un símbolo de unidad y orgullo.

“Es muy emocionante”, dijo el primer ministro David Cameron. “Anoche me encontré con gente durmiendo en las calles. Hay un ambiente de entusiasmo que es difícil describir… es una oportunidad para celebrar”.

La realeza tiene la gran esperanza de que un final feliz en la unión entre Guillermo y Kate borre los tormentosos episodios del matrimonio del príncipe Carlos y Lady D.

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